martes, 16 de septiembre de 2008

Publicar, publicar, publicar y publicar

El sábado llegué a la Redacción pasadas las 9.30. Durante todo el día busqué, seleccioné, edité y publiqué cables, como lo es siempre. El día terminó a las 0.20 del domingo. Mi máquina mental seguía funcionando...porque no sentí la finalización del trabajo.

No estoy seguro de que sea adicción al trabajo (aunque muchos pueden afirmar que sí).  Si fuese adicción al trabajo seguramente lo que habría hecho es dar vueltas y mil vueltas a algo de lo que ya hice para anticiparme a lo que vendrá después. Se trata de vivir hoy el mañana en el trabajo. Con esta perspectiva se entiende que sí es adicción al trabajo.

Aquí es distinto. En el periodismo digital, ésto se puede explicar así: vos estás en la playa viendo cómo llega el agua a la playa. Empezás bien por la mañana y te encomiendan contar las veces que el agua del mar llegó a la costa. Y arrancás con esa labor. Cuando llegue a la noche podrás estar seguro de que te la pasaste todo el día contando, pero antes de irte a tu casa seguramente te vas a tentar con mirar un poco hacia arriba, para detectar cuántas olas se están produciendo para terminar en la playa. Te vas a tu casa y sabés que el agua sigue llegando. Y así será por siempre.

El agua que llega es la información que constantemente produce la realidad (el mar). Mientras más olas (información) contemos, más completo va a ser el periódico. Nuestro deseo es que los lectores sólo se nutran de la información que nosotros contamos. Puede pasar que echemos un vistazo a otro diario digital y nos encontremos con que nos olvidamos de contar algunas olas, y nos agarra intranquilidad. Y no sólo contamos las olas que ya llegaron, sino que también esas olas que ya llegaron pero que nos olvidamos de registrar en nuestras anotaciones.

Es extraño, pero podés estar más de doce horas trabajando, que al final del día te vas a quedar con gusto a poco. Porque Internet más un equipo de trabajo siempre te va a proveer más, más, más y mas información.

Y luego de una jornada muy extensa y que pasó volando llegués a tu casa sin sueño: recién tu cuerpo te va a pasar la factura al día siguiente, cuando se haya dado cuenta, después de muchas horas, de que dejaste de contar las olas que llegan a la playa.

Es bueno parar e intentar dominar esa sensación falsa, de vacío, que intenta decirnos que tenemos que seguir contando las olas por siempre -o hasta que te venga a buscar tu mujer o una ambulancia.



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