martes, 28 de abril de 2009

¿Al lector realmente le interesa?



En diciembre de 2.000, cuando empecé a trabajar de ésto en Los Andes Online, sentía que estaba ante un nuevo periodismo sin manchas. La lejanía, apatía y el desinterés de los factores de poder a este nuevo medio (nuevo para lo que era Mendoza en ese entonces) me hacía sentir libre y por primera vez, con la certeza de que por fin los lectores estaban ante un tipo de periodismo al servicio de ellos.
Esta sensación positiva fue creciendo cuando vi que los diarios en Internet preferían no poner firmas de periodistas en las notas -es decir, nada de periodistas estrellas- y sí la necesidad de hacer de todo un poco (editor de imágenes, servicios y de noticias, sobre todo), que al fin y al cabo te lleva a estar toda la jornada laboral ocupadísima con una nueva mentalidad para el periodismo de entonces: trabajar para ganar lectores nuevos y no para ser una estrella del periodismo.
Con el tiempo fuimos adquiriendo nuevas habilidades, como el editar videos y audios (en esto último necesito hacer un curso aceleradísimo) y otros muy copados, como armar encuestas online, foros de debates, moderar en lo posible comentarios, blogs, abordar las noticias de tecnologías y salir a la calle con un celular que filme y saque fotos, para registrar una imagen curiosa y pensar diez veces con creatividad para convertir eso en una noticia.

Pero lo que más me gustaba del periodismo digital sui generis era la unión entre colegas.

Como todos éramos minoría, todos nos sentíamos discriminados por los malos sueldos y la falta de interés de las redacciones de papel y de la misma empresa periodística. En un congreso hecho en una universidad porteña en 2003, hablé sobre el esfuerzo de los diarios del interior para tener su lugar en Internet. Era la primera vez que se hablaba de un medio digital del interior en una conferencia. En fin, todo era muy lindo, porque lo que más nos enorgullecía a los periodistas digitales era la vuelta del periodismo a su esencia, a su razón de ser.

En esa época, los diarios chiquitos nos animábamos a competir con los grandes del país. Tal cual, se podía con los pocos recursos que habían. ¿Acaso si yo publicaba antes que Clarín que Argentina ganaba la medalla de oro en Atenas, no era una pequeña batalla ganada? Hoy también pasa lo mismo cuando, por ejemplo, UNO le ganó a Clarín en la publicación de la famosa noche del "voto no positivo de Cobos". 

Pero, ¿ahora qué está pasando?

El título les plantea una pregunta y las dos fotos, una respuesta. Con toda sinceridad intuyo que el lector sabe que ese tipo de contenidos corresponde al "viejo periodismo", a esos vicios típicos del papel.  

El costo de llevar ésto a Internet puede ser caro: que el lector diga finalmente que Mendoza "sigue siendo un pueblito". Y cambie finalmente por Clarín Digital, El Mundo, La Nación Line o El País.

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