jueves, 30 de abril de 2009

Como acabar la sobreinformación

Es una opinión. Pero como nunca se puso en práctica, al menos vale como hipótesis.

Un ex presidente de Paraguay tuvo un hijo cuando fue obispo. Lo publica un medio bien arriba, como noticia política. Otro lo hace como noticia de chimento de espectáculo. Otro, como nota de color. Otro, como nota polémica. Otro le pone un título que sugiere atacar al celibato de la Iglesia. Y así sucesivamente.

Luego la opinión pública reconoce que está sobreinformado y ese servicio de informar se convierte en un sufrimiento. Y mucho más para los periodistas, porque todos los días hay que buscar un título nuevo para ésto, ya sea si es otro probable hijo, si se trata de un cura de aquí que ya tiene un hijo y en el peor de los casos, un cura que dejó el celibato hace rato y que ya tiene un hijo. Tal cual, "ahora todo el mundo habla de eso", es la consigna.

Nuevas noticias

¿Acaso la sociedad está podrida de que se la informe mucho? Mentira. El problema consiste en reacomodar los términos: a nosotros nos enseñaron que el periodista construye la realidad. Ok. Lo que hay que hacer ahora es directamente construir toda la realidad y no esa parte de la realidad "polémica, comentable" y con muchos huecos desinformativos.

Siguiendo el ejemplo del cura y de la Iglesia, ahora el periodismo escribe sobre del 8 ó 12% de los egresados del seminario que dejan su vocación por una mujer y casi nada del 88% que sigue su vocación como lo hicieron en su momento figuras como San Francisco de Asís o Juan Pablo II, para tirar grandes ejemplos, ahí tenemos nuevas noticias.

Si escribimos sobre la gente trabajadora de las villas, todos los días con nuevas historias de vida, tenemos nuevas noticias. Si escribimos sobre cómo hizo un pobre para salir adelante y convertirse en un ciudadano de clase media, ahí tenemos nuevas noticias. (tenemos que esperar a que lo haga La Liga)

Si escribimos sobre los deportes menores (divisiones inferiores, amateurs en general) y no siempre de la A, Nacional B, rugby y hockey, tenemos nuevas noticias.

Si escribimos qué consecuencias tiene en la sociedad los matrimonios o parejas que se separan, ahí tenemos nuevas noticias.

Si escribimos sobre novios o parejas que ante un conflicto salvan su relación y no de los escándalos de los que se separan día tras día, ahí tenemos nuevas noticias.

Si además de informar sobre ciudadanos que van al supermercado o shopping a comprar, encaramos a las personas con valores sencillos pero sólidos, que mantienen su amor a su país y que apenas gastan en el almacén de la esquina, ahí tenemos nuevas noticias.

Finalmente, si queremos que el ciudadano de oficina, que ya no puede viajar a todo el mundo porque el dólar casi toca los 4 pesos, pero desea que Internet realmente hable de todo y de todos (no sólo del lado A del disco, sino también del B más bonus track), eso es nuevo periodismo.

Google ya tiró una señal para lo que es el periodismo en Internet: su Earth y Ocean. 

Si la fórmula es recorrer cada localidad del mundo a través de una fibra óptica, el periodismo no es otra cosa más que completar el Earth para que sea perfecto: contar cada cosa que pasa en el mundo, por qué pasa y cómo evoluciona.

Menos copiar y pegar lo que dicen las agencias y más transcribir lo que tenemos cerca de casa. Más blogs con historias de vida y de barrios; menos blogs que repitan lo que ya publicó CNet o ZDnet. Y así, más.

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