martes, 21 de julio de 2009

Cómo modero comentarios

Nunca me gustó de entrada moderar comentarios. Es el terreno de los lectores. Así esté mal o bien escrito, lo que allí se es lo que los argentinos somos.

Así pensaba hasta la semana pasada.

Luego de leer varios artículos en blogs sobre el posible arancelamiento de los periódicos digitales en un futuro me di cuenta de que en realidad nosotros estamos trabajando gratis para nuestros lectores y además de abrirles las puertas para que intervengan en nuestros artículos, recibimos a cambio -en la mayoría de las veces- un discurso que parece más a una catársis que a un mensaje de debate.

Desde lo semántico, ¿acaso los periodistas alguna vez escribiremos notas con palabras mayúsculas y con insultos para todos lados? ¿también renunciaremos al criterio de la objetividad para meternos en el campo subjetivo de la agresión personal?

Si esto jamás será así, entonces, ¿por qué le tenemos que permitir a los lectores que sí lo hagan?

¿Y qué pasaría si de repente los diarios online deciden convertirse en pagos? ¿Yo, como lector, pondría dinero en un sitio plagado de insultos y palabras en mayúsculas al final de cada nota?

Una cosa es la tendencia del 2.0 en Internet, todo muy bien con esto de darle espacio a los lectores, pero otra cosa es lo que finalmente aparece en la pantalla: si el diseño gráfico apunta a la unidad, el entendimiento y la buena comunicación, entonces ¿por qué los artículos deben desentonar con estos ingredientes?

Si el lector finalmente sabe que no tiene espacio para insultar ni para agredir con injurias y descalificaciones a figuras noticiables del momento, finalmente entenderá cuánto vale el terreno donde se acuestan sus frases armadas.

Si el objetivo final es, al igual que una canción de Queen, la belleza, ¿por qué no impulsar a que los lectores también procuren construir belleza con sus mensajes?

Ahora reconozco que borro muchos comentarios del diario digital donde trabajo. Pero también veo que al final de las notas aparece el mar más templado y tranquilo, con más oídos para escuchar y con silencios para reflexionar.

La unidad es belleza.


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