sábado, 25 de julio de 2009

El deber de no publicar una verdad a medias


Primero chequeé esa información en diarios del país. Ninguno lo dio como oficial. Luego lo busqué en los blogs y todos habían copiado y pegado lo mismo. Una nota del 2000, en Clarín, decía que la última carta de Favaloro había sido breve y ésta, que se daba a conocer ahora, era muy larga.
Puede que sea verdad, pero de haber sido así, seguramente Clarín u otro grande ya lo hubiera confirmado, porque no creo que hubieran dejado pasar tan tremenda bomba.

Pero es tan fuerte el impacto que tuvo en blogs -inclusive políticos de primer nivel han hecho circular esa carta por Internet- que te dan ganas de publicarlo.

Decidí no publicarlo. Seguro que podría haberlo construido así: "Difundieron en Internet la última carta de Favaloro", por lo que me desprendo de su verdadera fuente. No sirve: ¿para qué, para tener la nota más leída durante un día, nada más?

En el post "La verdad por casualidad", de PaperPapers, dice lo siguiente:

"La inmediatez, que parece ser la principal preocupación de los editores del digital, no es más que la negación de la razón de ser del periodismo. Porque citar las fuentes para dejar en manos del lector el juicio sobre la fiabilidad de la noticia es lo contrario de lo que debe hacer el periodista, que en aras de la verdad puede ocultar información pero nunca a la inversa, que puede proteger a la fuente para publicar una noticia pero nunca citar la fuente para publicar una mentira. La prensa digital no por digital deja de ser prensa, y la credibilidad de los diarios pasa porque no digan la verdad sólo por casualidad".


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