lunes, 14 de junio de 2010

Entre euforias y lágrimas

Era la mañana del partido de Argentina, todos contentos y con expectativas. Fui a la Redacción una hora más temprano para dejar el terreno preparado en la home para que las notas de Ovación salieran bien vistas. El partido y después, una galería de fotos con los festejos en las calles de Mendoza y con lo que publicaron los diarios en el mundo.

Un lindo día. Un humor especial. Sobrado optimismo. Alegría más la esperanza de que llegarán más alegrías, de que 23 argentinos están haciendo lo posible para darnos más alegrías.

Pero a las 21 me entero de que una pareja abandonó a un bebé down, de dos meses, adentro de la iglesia de San Francisco, en pleno centro mendocino. ¿En el mismo día en que todos estamos celebrando a estos tipos se les ocurre generar este tipo de desgracias? ¿Cómo habrá pasado la noche del sábado ese bebito, sin sus padres, allí en el Notti?

Sin embargo eso fue la entrada del plato principal de la desgracia: una mujer de 79 años había sido asesinada en San Rafael. La encontraron golpeada y con una bolsa tapándole la cabeza. Y dejó como huérfano a un hijo con esquizofrenia.

Pensé que se podía vivir un día tranquilo y en paz. Que sería más fácil seguir de largo y proceder como un policía o como un juez de instrucción, es decir, bien frío, como si fuera un caso policial más. Pero somos humanos y en este hábito de no sólo publicar sino que también amar la realidad no podemos dejar de integrar estas sensaciones feas que nos hacen poner en el lugar del que más está sufriendo.

Un gol a favor y dos goles en contra, entre lágrimas y euforia (como decía Lerner), así es la Argentina, también.

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