viernes, 17 de septiembre de 2010

Historia de un artículo censurado


“Tengo 23 años y tomé la terrible decisión de abortar en dos ocasiones: cuando recién cumplía los 17 y a los 18 años. Desde entonces vengo cargando con esta culpa. Aún lloro, rezo y hasta sueño con mis bebés y daría lo que sea por retroceder el tiempo y por tenerlos contra mi pecho, aunque sea dos minutos, pero no puedo..”.

Así arrancaba una nota que escribí para una sección de un diario digital de Mendoza, que estaba a cargo de mi. Ese artículo se publicó cuando un comité de Bioética de la Uncuyo decidía si una joven embarazada por una violación tenía que abortar o no (finalmente se decidió por no hacerlo).

El testimonio más fuerte, con el que arrancó la nota, llegó a mi en una columna que tenía en la web PeriodistaDigital.com. Luego junté ese relato con el de una mendocina que también escribió allí, para después sumar una serie de testimonios extraídos de la web católica AciPrensa.com.

Se publicó a las 14.50 del 4 de septiembre de 2008. Diez minutos después tuve que dar explicaciones en la oficina de quien estaba en ese momento a cargo de la Redacción de todo el diario. El mensaje que recibí fue contundente y a la vez, contradictorio: “Aquí trabaja gente con todo tipo de ideologías y creencias pero desde ahora en adelante ya no podrás escribir más notas sobre el aborto”. Punto seguido. También me ordenaron levantar la nota. Y para cerrar este caso, al día siguiente tuve que cambiar una de las respuestas de la encuesta del día, sobre si esa joven tenía que abortar o no:  yo propuse la opción "dar por adopción" a esa criatura, en el caso de que llegara a nacer. Me prohibieron esa respuesta concreta.

Unos días atrás se me había prohibido (por orden de un directivo)  desde mi blog del diario Mirá cómo somos enlazar a un sitio de mi con imágenes y videos de los abortos. Cuando hice el planteo de esta contradicción al expresar “¿por qué censurar algo que es legal en otros países y que muchos impulsan su legalización aquí?” la respuesta que recibí fue sincera y contundente, que prefiero no reproducir.

Finalmente la nota de los testimonios del aborto la saqué de la home y de esa sección del diario, pero por suerte no desapareció de la Red, ya que el sistema de publicación de diariouno.com.ar impide que un periodista pueda borrar completamente una nota (como lo hace Blogger con “Suprimir”), del modo que aún se puede apreciar este trabajo desde YouTube. Y bueno, hay formas de sobrevivir a la censura con la tecnología.

Los 70, sin el lado B
No se crean que ésta fue la única vez que me censuraron una nota en un diario grande de Mendoza. Entre el 97 y el 98, en Los Andes, tuve que borrar parte de un informe para la sección Mendoza Responde que yo hacía.

La historia fue así. El tema del momento en ese entonces era el juicio a Alfredo Astiz, conocido como “El ángel de la muerte”. El informe con la encuesta telefónica que hizo desde el sexto piso de ese diario en ese entonces Carlos Lagos, conductor radial de la FM Red 101, consistió en explicar el contexto de la historia de Astiz. Y en ese marco fue que armé una argumentación con dos puntos de vistas: el que sostenía la parte acusatoria y el que sostenía la parte defensora del ex marino. Y lo que hice fue contar la cantidad de crímenes cometidos por Montoneros y ERP según la prensa de esa época (concretamente la revista Gente). Ok. Cuando fui a la oficina del director para que revisara esa nota directamente me ordenó borrar toda la información de lo que sucedió entre el 25 de mayo de 1973 (fecha en que Cámpora ordenó abrir la cárcel de Devoto para liberar a miles de guerrilleros ya sentenciados la justicia) y el 24 de marzo de 1976. De este modo la nota jamás explicó por qué existió una acción antisubversiva.

Aislado
Cuando me censuraron la nota del aborto fui a buscar contención en uno de los jefes de noticias y éste, directamente, me dijo que la nota había sido absolutamente parcial.  Yo sabía que para hacer un artículo que abarcara también los testimonios de mujeres que abortaron y que no se arrepienten de ello la investigación llevaría un buen tiempo. Pero como en el periodismo digital es prácticamente imposible ponerse a laburar en algo serio y con tiempo, me limité a aclarar en la bajada la expresión “en estos relatos”, para dejar bien en claro que no se trata de toda la realidad. Pensé que iba a ser un buena razón para llevar el debate al ámbito de los medios, ya que lo que se publicaba en ese entonces eran opiniones por separado y no un análisis hecho a través del intercambio de palabras.

Ese día me di cuenta de que posiblemente esto no me haya pasado solamente a mi.  También me di cuenta de otra cosa que es aún más importante: la sociedad (la gente común) quiere saber de este tema y el tapar una voz o punto de vista significa que algo de verdad se está intentando ocultar, porque si no fuera verdad no habría razones para censurar.

La gran pregunta: ¿fue una nota censurada o no? Sí, lo fue. Nada más que se les olvidó Google. Gracias Google.

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