martes, 20 de diciembre de 2011

El periodismo digital en Mendoza cuando cayó De la Rúa y estalló la crisis del 2001



El 19 de diciembre de 2001 apenas existía el periodismo digital en Mendoza. No estaba Mdzol. Diario Uno, en lugar de su punto.com.ar, era un diario estático con el dominio puntonet.ar - que hasta aún hoy utilizan sus periodistas en las cuentas de correo electrónico- armado en las noches por dos empleados de Supercanal, en las oficinas de General Paz, de Ciudad. No estaba Google ni Youtube. No recuerdo si El Sol y Jornada tenían su versión online (creo que no). En Mendoza, sólo Los Andes Online -creado seis años antes del estallido- era el único medio electrónico de Mendoza que desde ese año empezaba a publicar últimos momentos, con un diseño muy precario y sin la posibilidad de incluir fotografías.

Publicar un último momento llevaba una hora,  porque en ese entonces, el sitio administrador de Los Andes Online -y de los diarios digitales de Argentina, en general- no podía actualizar un contenido particular, sino que el proceso debía incluir toda la carpeta FTP del sitio, por lo tanto el botón "Publicar ahora" implicaba publicar nuevamente hasta los avisos clasificados y fúnebres del día. Y así lo fue al menos durante un par de años más. Esto complicaba la redacción de un último momento porque había que ser preciso y pensarla dos veces, porque por un habitual error de tipeo y más alguna complicación técnica, la página podía estar horas y horas con un error visible en la home, algo que los mismos lectores -con justificación- solían refregárnoslo en la cara habitualmente.  Por lo tanto era difícil publicar un simple último momento: había que contar una historia que pudiera estar en la pantalla durante horas y que no tuviera la necesidad de ser renovada por otra, por lo que uno se veía obligado a contextualizar, como me tocó hacerlo con el artículo "La sensación de recuperar un país donde los políticos echaron a perder su historia", un primer intento de explicación del famoso "que se vayan todos" que nacía en ese momento. Como ven había una mezcla de información con opinión, algo que hoy me parece políticamente incorrecto, por la circunstancia ésta de estar pendiente de lo técnico y de lo periodístico, y la pasión por contar la realidad, que lo desborda todo.

Con unas 7 mil visitas únicas al día, la redacción de Los Andes Online se reducía sólo a dos personas: quien era mi jefe, el periodista Javier Hernández y yo. Guillermo Mosso era el director del proyecto. Y hasta allí llegamos. En los diarios digitales, en general, los periodistas del papel no escribían para Internet, como sí lo es hoy. En ese entonces, Clarín Digital y La Nación Line apenas lo hacían no más de 10 personas. Ambos diarios porteños tenían al menos cinco servidores para que Internet los soportara y pudieran ser bien leídos en el extranjero. Los Andes Online apenas tenía un servidor y medio, y era común que las máquinas se nos colgaran -la famosa frase "se colgó Internet"y que pasáramos horas -y hasta días- sin renovar los últimos momentos o la versión impresa. Yo pasaba a Internet la versión del papel, mientras revisaba -no por Internet, sino por un servicio especial- los cables de DyN, Télam -que no tan chupamedias del Gobierno como ahora, AFP  y EFE. Sólo usaba Internet para ver LaVoz de Córdoba,, los grandes de Buenos Aires y algunos que otros de España.

La banda ancha era un privilegio de quienes trabajábamos en una empresa, por lo tanto la gente no seguía lo que estaba pasando desde los medios digitales y varios periodistas se quedaban a la noche descubriendo eso que se llama chatear y conocer a un desconocido. Nadie contaba lo que estaba pasando por Facebook y Twitter porque simplemente no existían, como tampoco el 2.0. Nadie imaginaba en ese momento que faltaba poco para que cualquier persona pudiera sacar una fotonoticia y colgarla en un blog. Mientras, nos enterábamos de todo por Crónica TV, Todo Noticias y los flashes informativos de Elevediez y Radio Nihuil.

 Ese 19 de diciembre estaba solo en la Redacción de Los Andes Online. Tenía que hacer la versión impresa y además, por mi cuenta, salir a la calle y tratar de contar algo. A veces no quedaba otra que copiar y pegar algún cable de lo que estaba pasando a metros de nosotros, como éste de Telam, que terminó siendo la noticia principal de la jornada. Y esto me hizo enojar mucho, porque esa noticia tenía que ser de Los Andes y no de una agencia, por lo que a partir de ese momento empecé a entender qué realmente busca un lector en un diario digital: si lo tenés gratis y querés saber lo que pasó en el país, entonces buscalo en Clarín y La Nación, pero si querés saber lo que pasó acá entonces que te lean a vos y no desde un diario porteño u agencia de noticias. En fin, si bien lo técnico no nos dejó respirar hasta dos años después, cuando desde acá se empezó a actualizar al instante un último momento y así podíamos parecernos más a un diario digital de Buenos Aires. Soñaba con la sinergia Internet - Papel, pero en la Redacción muchos preferían escribir cómodos para el día después y tomarse un cafecito en el cuarto piso, mientras la calle nos gritaba titulares de último momento, como siempre lo hizo con la radio.

En fin, otra época y otra forma de comunicar lo que nos pasaba, que aún así -presionado por las limitaciones técnicas-, se podía hacer algo para intentar relatar el momento presente, así tuviera que esperar una hora para ese fragmento de palabras lo pudiera ver todo el mundo en Internet:


Recuerdo que tres meses después, los mendocinos se enteraban por primera vez en Internet quién había sido electa esa noche como Reina Nacional de la Vendimia. Y así la bola empezó a correr.

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