lunes, 30 de julio de 2012

Por qué un periodista no debe ocultar su fe en el trabajo

Recuerdo que en un importante diario de Mendoza, una vez mi jefe -ateo y anticatólico extremo-, me felicitó delante de todos porque yo no ocultaba mi condición de cristiano. Inclusive despreció a aquellos que dicen ser católicos en las palabras, pero en los hechos son otra cosa. No pasaron más de tres meses cuando de Recursos Humanos me avisaron que estaba despedido sin causa, con una buena indemnización. Entre las causas de ese "sin causa" deduzco que fue el haber publicado notas a favor y en contra del matrimonio entre homosexuales -y no solamente artículos a favor, como eran las mayoría de ese diario en su versión impresa- y el haber incluido la opción "Dar el bebé en adopción" en una encuesta cuyas respuestas eran "Sí" y "No" respecto de si una mujer, víctima de una violación, tenía que hacerse un aborto -todo esto tras una bajada de línea de arriba que se me ordenó prohibir  que escriba sobre cuestiones religiosas-.

En fin, se trata de un relato extremo vivido en primera persona, pero no siempre es así. El objetivo del periodista es ser una persona creíble y es fácil darse cuenta: cuando el mensaje es aceptado y logra ser comunicado en una audiencia o segmento de esa audiencia con valores distintos al del periodista emisor. En cambio, si logró comunicar el mensaje a personas que piensan igual que el emisor no se puede decir que estemos ante un comunicador 100 por 100 creíble. El esfuerzo por decir la verdad y adaptar el mensaje al ADN cultural de ese receptor -que exige una empatía de cómo percibe la vida, entre otros- hace que el mensaje termine siendo más creíble, ya que, por ejemplo, también exige consultar a varias fuentes informativas para entender que ese mensaje no es sólo validado por la visión del enunciador.

vs fundamentalismo

Dada esta introducción vamos a la respuesta de la pregunta que titula esta entrada: ¿decir que soy un católico o cristiano evangélico practicante es sinónimo de ser fundamentalista? Lo que molesta a los ateos antivaticano que merodean las redacciones es que el católico se sienta dueño de la verdad y lo que molesta al periodista que practica su fe es perder el sentido de la búsqueda y de la curiosidad porque esa verdad que busca al informar ya viene servida en bandeja desde el Vaticano: concretamente, la idea es que no tiene sentido ser católico y periodista porque así no hay ninguna noticia por buscar, ya que todo está dicho. Algo similar sucede con el periodismo ultraK: ya no tiene sentido buscar la verdad porque la presidenta y la Cámpora ya leyeron el principal texto de la biblioteca circular de Borges, del modo que la verdad ya se dijo y ahora dediquémonos a disfrutar de esa verdad, que es el modelo. Los periodistas K y de 6,7,8 -por ejemplo- no reflejan pasión por buscar la verdad como contrapoder; lo mismo podría decirse de los periodistas católicos que intentan esquivar las malas noticias que llegan del Vaticano: nunca van a ser parciales porque parte de ese apetito por buscar la verdad ya está colmada. 

Pero, realmente, ¿ser cristiano evangélico, judío, musulmán o católico es sinónimo de fundamentalismo? Según la Real Academia Española, fundamentalismo es la "exigencia intransigente de sometimiento a una doctrina o práctica establecida", lo cual este concepto podría caber para el kirchnerismo y para los seguidores de Jesucristo. Pero en los hechos, fundamentalismo es la imposición violenta de esa doctrina o práctica establecida, algo que no cabe en la concepción católica, ya que el primer mandamiento es amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo. Esto no se puede concretar con fundamentalismo, por lo tanto el periodista católico no es fundamentalista, ya que esa cualidad de amar se traslada a su labor a través del amor a la realidad, lo que exige un fuerte compromiso con el sentido de búsqueda que hace a la razón de ser del periodista.

vs ser dueño de la verdad

Está bien: el periodista católico o cristiano evangélico no es fundamentalista, pero igual sostiene que toda la verdad de la vida está en su religión, entonces ¿estamos en la misma, Macaya, sho qué sé?

Desde la óptica católica, Mariano Fazio -en la página 76 de Cooperadores de la Verdad- expresa que "afirmar, con la tradición de la Iglesia y con el Concilio Vaticano II, que la verdad completa se encuentra en la fe católica no es una actitud fundamentalista, sino consecuencia de la firmeza en la fe. Fundamentalismo sería querer imponer con la fuerza dicha verdad. En todas las religiones dignas de la persona humana hay elementos de verdad, que según la fe católica encuentran su plenitud en la revelación". Por otra parte agrega que "dejar de predicar la fe por temor a ser tachado de fundamentalistas o fanáticos (digamos acá reconocer la fe católica ante sus compañeros de trabajo) es hacerle el juego al indiferentismo o al relativismo. La propuesta católica ha de hacerse en el respeto más irrestricto de la libertad de conciencias". Y completa la idea afirman que la iglesia católica "anuncia y tiene la obligación de anunciar sin cesar a Cristo como camino, verdad y vida", esto no excluye el diálogo y la búsqueda común de la verdad en los diferentes ámbitos vitales "pues, como afirma Santo Tomás de Aquino, toda verdad, independientemente de quien lo diga, viene del Espíritu Santo".

En la práctica, el periodista con fe no tiene por qué hablar de Dios todo el tiempo en el trabajo, porque ya lo está haciendo amando la verdad y no comprando cualquier información que llega vía telefónica o de agencia de noticias. Pero el tema con Dios aparece en la dimensión de los valores, en las noticias que tienen que ver con los derechos humanos, de la libertad y de la vida, por ejemplo. Por eso fue que en aquel momento decidí poner la adopción como opción de respuesta en una encuesta sobre aborto: la censura que recibí de arriba que logró cambiar la respuesta final y la tendencia de esa encuesta muestra que hablar de fe en el trabajo no es una cuestión que empieza y termina en el ámbito privado de uno mismo, que es lo que pretende el pensamiento relativista, según lo expresa numerosas veces el padre Mariano Fazio en Cooperadores de la Verdad

vs aburrimiento

No se puede amar la realidad y la verdad siendo un periodista aburrido, que arma una nota pensando en el sueldo o en el aguinaldo y no en la pasión que mantiene vivo el motor de la búsqueda. Si los periodistas católicos, musulmanes, judíos o cristianos evangélicos reflejan eso en su labor ya mismo necesitan una inyección de creatividad multimedia o, como mínimo, que se pongan a leer este blog para conocer estrategias nuevas para comunicar un mensaje (Mario, aquí te pasaste la raya, me parece).

Ninguna persona se aburre buscando la verdad. Y ninguno que lee un artículo buscando la verdad se aburre si el emisor también transmite la sensación de buscar la verdad. Entonces, si el lector se aburre leyendo una nota es porque el que escribió también se aburrió cuando lo escribió.


Hace un mes hice un curso de collage y video en Ciencias Políticas de la UNCuyo: hasta los peldaños de las escaleras están plagados de carteles y banderas de centros de estudiantes que expresan una ideología de izquierda, de Che Guevara y de rechazo al pensamiento religioso. Está de más aclararlo porque muchos mendocinos conocen ese lugar y creo que es igual en muchas universidades estatales de Argentina. Si embargo conozco casos de egresados de allí que han arrancado los crucifijos de organismos públicos -uno de ellos, el Anses- por sentirse ofendidos. Entonces nos encontramos con la siguiente contradicción: el ateo puede llenar los ámbitos públicos con imágenes del Che Guevara y las revoluciones que se le pase por la cabeza, mientras que los que practican una fe no lo pueden hacer. Estamos ante un totalitarismo. Sin embargo la mayoría de los periodistas que conozco apoyan esta idea de que la ideología puede hacer lo que quiera en los ámbitos públicos, pero la fe católica, no. Contradictorio, salvo que no reconozcamos que hoy vivimos una era en que se informa desde un solo punta de vista ideológico, que excluye la religión -como me pasó en el testimonio que relaté al iniciar esta entrada.

Benedicto XVI no duda en tachar de totalitaria una sociedad que no reconoce en toda su plenitud la libertad religiosa. 

"El ordenamiento jurídico en todos los niveles, nacional e internacional, cuando consiente o tolera el fanatismo religioso o antirreligioso (como lo es en este caso), no cumple con su misión, que consiste en la tutela y promoción de la justicia y el derecho de cada uno. Éstas últimas no pueden quedar al arbitrio del legislador o de la mayoría porque la justicia implica el reconocimiento de la dignidad de cada uno, la cual, sin libertad religiosa garantizada y vivida en su esencia, resulta mutilada y vejada, expuesta al peligro de caer en el predominio de los ídolos, de bienes relativos transformados en absolutos. Todo esto expone a la sociedad al riesgo de totalitarismos políticos e ideológicos que enfatizan el poder público, mientras se menoscaba y coarta la libertad de conciencia, de pensamiento y de religión, como si fueran rivales".

vs. credibilidad

Conozco a gente que desprecia a la iglesia pero manda a sus hijos a colegios católicos porque saben que de allí saldrán bien educados. Algo igual creo yo puede reflejar un periodista que reconoce su fe ante la audiencia: logrará credibilidad porque sabrá que ese lector, televidente u oyente sólo le creerá a un emisor que no tenga los valores básicos del ser humano trastocados o manipulados por una ideología, ya que todo eso obstaculiza el objetivo de llegar a la verdad.

La prueba de lo que digo está en que los diarios más leídos son lo que menos influencia ideológica transmiten y que más respectan a las religiones, como los son en Los Andes en Mendoza y La Nación y Clarín en Buenos Aires. 

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