jueves, 20 de septiembre de 2012

Delincuentes acabaron con un matrimonio de 38 años

Por cierto no fue así el título de la noticia del crimen ocurrido anoche en La Matanza, Buenos Aires. Sólo que veo una constante que los medios prácticamente no lo destacan (sólo lo informan): muchas víctimas de la inseguridad son matrimonios estables con hijos. No es un dato más. Hoy no es fácil lograr eso y quienes lo llevan a cabo se constituyen en personas referentes, por el hecho de sostener una familia con una pareja que se respeta y que crece día a día. Eso es algo que termina influyendo para bien en los demás. De hecho que hoy es más importante y valioso un matrimonio con más de 30 años de casados que tener tres doctorados en Hardvare o Standford. No es fácil solucionar problemas cuando hay diferencias y apostar al diálogo y al amor por sobre las vías de escapes, que terminan fracturando una familia y por ende, generando en los hijos una deuda afectiva que nunca se pagará y por otra parte, la pérdida definitiva de la autoridad moral de uno o de los dos padres. Con esta pérdida de autoridad moral, los padres ya no pueden poner límites. Y allí, si la base sembrada en los hijos no fue buena, es más fácil llegar a la droga, a la delincuencia y a las ideologías violentas y retorcidas.

La inseguridad tiene como problema de fondo las rupturas familiares. Sería bueno que la justicia informe si los delincuentes que asesinan son personas que llegan de familias unidas. Y sería bueno también que sea información pública, para que los medios y trabajadoras sociales puedan intervenir y tratar el tema. Los primeros, para hacer una buena radiografía que explique el proceso por el cual un ser humano común y corriente llegó al límite de quitar una vida y los segundos, para trabajar en esa familia a fin de intentar corregir algo.

Si bien todos son víctimas del delito genera mucha pena cuando se trata de matrimonios o personas que armaron un buen proyecto de familia y terminan injustamente su vida en manos de personas que sólo en Argentina se pueden dar el lujo de robar, matar y andar sueltos, ya que en otros países del nivel de Argentina la justicia no los deja libre.

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