viernes, 8 de marzo de 2013

Cómo son los periodistas que te enseñan

Hace mucho quería escribir este apunte. Porque estamos viviendo un momento en que muchos periodistas están perdiendo la capacidad de distinguir la verdad. Por culpa de tres cosas: los prejuicios establecidos por la ideología (cultivados en gran parte en la universidad), la obediencia debida a las agencias de noticias y a las fuentes informativas creíbles y por último la sensación de estar obligado a pertenecer a una elite de opinión que no se permite cuestionar cosas que se dan por hecho como verdad. Todo ésto, a la vez, configura una mentalidad que decide excluir la búsqueda de la verdad porque la verdad directamente no existe o porque siempre será saludable mantener un sentido crítico inclusive con la misma verdad.

Hoy vale más criticar la verdad (aunque la tengamos delante de nuestros ojos) que explicar la verdad/realidad, porque explicar la verdad es una noticia cerrada y muerta, sin vida y aburrida; en cambio mantener la sospecha de lo que se sabe que es evidente es mantener una cierta independencia de los acontecimientos, aunque se haya logrado el objetivo de llegar a la verdad, porque así la noticia se mantiene en vilo.

De este modo hay verdades que resultan cuestionables, como Fidel Castro (que es un dictador y no un simple "líder cubano"), que no se puede hablar de aborto sin mencionar en la noticia la aniquilación del niño por nacer y de los severos traumas que quedan en la madre (se puede analizar todo ésto y aportar enfoques, pero jamás se puede negarlo); que no se puede hablar de Chávez sin dejar de mencionar que es un país sin libertad de expresión y con más asesinatos e inflación del continente americano (la verdad es lo bueno del presidente fallecido, pero también lo negativo) y así muchos temas más.

Pregunta: ¿acaso definitivamente tenemos miedo de llegar a la verdad? Esto me lleva a otra pregunta: ¿quiénes me enseñaron el buen periodismo y quiénes lo intentan hacer bien?

No voy a nombrar personas. Sino lo más importante: actitudes y valores.

Hace un tiempo, un ex director de Uno, entrevistado en Mdz por el actual secretario de Redacción de El Sol Diario, afirmó algo cierto: los periodistas "somos gente muy embromada porque tenemos muchas ideas, iniciativa e ilusión. Nuestro trabajo es una materia complicada. Somos gente conflictiva".

Aquí enumera actitudes y valores. Pregunta: ¿ser embromado, cuestionador y escéptico es la condición excepcional para ser periodista?

Yo no aprendí nada de los comunicadores embromados, cuestionadores y escépticos.

Al igual que en la vida en general, yo aprendí y sigo aprendiendo de las personas humildes, con bondad y sabiduría. Ambas cualidades preparan el camino para reconocer la verdad, porque no hay nada peor que un periodista no logre identificar la verdad y esté en condiciones de aceptarla y analizarla.

He aprendido de los periodistas que no se diferencian mucho de los seres humanos común y corriente. Son personas que sonríen, que también logran identificar en la otra persona  deseo de llegar a la verdad, que lograron aprender hasta de sus experiencias negativas y sobre todo, que tienen el estado físico de saber amar. Porque amar la verdad es la primera condición y al estar familiazado con eso viven con orgullo y plenitud.

Al haberse metido a fondo en la búsqueda de la verdad en cada noticia que trabajaron a lo largo de su trayectoria laboral se acostumbraron a renunciar a sus ideas y prejuicios -a esa tendencia maliciosa de querer que la noticia sea lo que yo quiero-, mientras que en la vereda de enfrente se apilan los más visibles y de perfil alto, que ponen en primer lugar su ideología y su título deseado y así nunca logran conocer y reconocer la verdad. Por eso es que estos últimos no saben amar (porque nunca amaron la verdad, en primera instancia y se trasluce en una personalidad agria y resentida) y finalmente no transmiten experiencia ni sabiduría porque comunicaron lo que vieron en el espejo y no lo que el escenario les mostró.

Los periodistas, con nuestras cualidades, no tenemos por qué ser los distintos porque al tener más acceso al poder y comunicarlo con cierta independencia nos convierte en privilegiados. El periodista embromado, jodido, prejuicioso y que vive para sí mismo y no para los demás tiene que ir al psicólogo o al cura. Es una persona inmadura.

En este sentido los periodistas de los que he aprendido han sido los que se parecen a los grandes seres humanos que con amor nos han enseñado a ser mejores personas. El amor es el principal patrimonio de una persona y también de un periodista.

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