domingo, 6 de octubre de 2013

Por qué la iglesia católica no es una ideología

Publicado en Mdzol.com con el título Por qué el Papa Francisco no es de derechas (ni de izquierdas).

En la reciente entrevista hecha por la revista jesuita "Civiltá cattolica" al papa argentino Jorge Bergoglio apareció un título -que primero circuló en las agencias de noticias y luego por los medios de comunicación- y que decía, en boca del pontífice, que "jamás fui de derechas". ¿Qué significa esto? ¿Que si no es derecha, entonces es de izquierda?
La iglesia católica existe desde muchos años antes que la izquierda y la derecha. Afirman que la izquierda política surgió un 11 de septiembre de 1789, poco después de la Revolución Francesa, cuando se votó un artículo de la nueva Constitución de Francia, en la que se establecía el veto absoluto del rey a las leyes aprobadas por la futura Asamblea Legislativa de ese país: los que querían que el monarca siguiera con muchos poderes se ubicaron a la derecha del presidente de esa asamblea y los que pensaban lo contrario, a la izquierda.  De ahí quedó la idea de que la derecha es la visión tradicional o conservadora de la sociedad, mientras que la izquierda es la visión de una sociedad laica, progresista e igualitaria.
Siguiendo este relato, la iglesia católica existe desde 1756 años antes del origen de la izquierda y de la derecha, y la religión judeo cristina, como miles de años más.
Que el papa Francisco no siga  una ideología responde a que, siendo obispo y luego papa, la religión católica no es una "tercera vía", es decir, una tercera alternativa ideológica que se suma a las dos anteriores. Lo dice el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia -un documento que explica los alcances de esta fe en los hechos concretos- basado en la encíclica escrita por Pablo VI, Octogésima Adveniens(mayo de 1971):
El hombre o la mujer cristiana que quieren vivir su fe en una acción política concebida como servicio no pueden adherirse, sin contradecirse a sí mismos, a sistemas ideológicos que se oponen, radicalmente o en puntos sustanciales, a su fe y a su concepción de la persona humana. No es lícito, por tanto, favorecer a la ideología marxista, a su materialismo ateo, a su dialéctica de violencia y a la manera como ella entiende la libertad individual dentro de la colectividad,negando al mismo tiempo toda trascendencia al ser humano y a su historia personal y colectiva. Tampoco apoya la comunidad cristiana la ideología liberal que cree exaltar la libertad individual, sustrayéndola a toda limitación, estimulándola con la búsqueda exclusiva del interés y del poder, yconsiderando las solidaridades sociales como consecuencias más o menos automáticas de iniciativas individuales y no ya como fin y motivo primario del valor de la organización social.
Otro peligro consiste en adherirse a una ideología que carezca de un fundamento científico completo y verdadero y en refugiarse en ella como explicación última y suficiente de todo, y construirse así un nuevo ídolo, del cual se acepta, a veces sin darse cuenta, el carácter totalitario y obligatorio. Y se piensa encontrar en él una justificación para la acción, aun violenta; una adecuación a un deseo generoso de servicio; éste permanece, pero se deja absorber por una ideología, la cual ―aunque propone ciertos caminos para la liberación de hombres y mujeres― desemboca finalmente en una auténtica esclavitud.
Por lo demás, en la medida en que estos movimientos van de acuerdo con lossanos principios de la razón y responden a las justas aspiraciones de la persona humana, ¿quién rehusaría reconocer en ellos elementos positivos y dignos de aprobación?»
En los puntos 32, 33 y 34 de esa encíclica describe lo que para la iglesia es el marxismo y en el punto 35 y 36, la ideología liberal. Cabe aclarar que este documento se escribió en los años en que los católicos y evangélicos eran muy perseguidos por la izquierda comunista en China, Europa del Este y Unión Soviética, como los fueron el obispo József Mindszenty en Hungría y el mismo Karol Wojtyla (luego Juan Pablo II) en Polonia.
Lo que se deduce de aquí es que se puede ser de izquierda o de derecha mientras ambas ideologías respondan a las justas aspiraciones del ser humano (y que la persona sea un fin en sí y no un medio para otros fines que denigren su dignidad) y que, por supuesto, reconozca la trascendencia del hombre, es decir, además de su dimensión física y psicológica, su dimensión espiritual (lo que implica, por ejemplo, a la hora de debatir cualquier tema e inclusive difundir una noticia que involucra al papa, no quedar reducido en la dimensión política e incluir la dimensión religiosa o espiritual).
Al no ser una ideología entonces tampoco propone soluciones técnicas para problemas prácticos. No tiene nada que ver con una agenda política o económica.
La pregunta es ¿para qué sirve, entonces, si no propone soluciones concretas al mundo? Esto se puede responder a partir de dos ejemplos: el primero, de lo ocurrido en la reciente Jornada Mundial de la Juventud Río de Janeiro y el segundo (a partir de una experiencia personal) del testimonio de Chiara Lubic, la mujer que fundó la Obra de María (más conocida como Focolares), un movimiento católico en cuyas normativas establece que siempre tiene que presiderlo una mujer (hoy en día es María Vocé, conocida mundialmente como Emmaús).
Cuando Francisco le dijo a los jóvenes que "hagan lío en las parroquias" no se refirió a festivales de guitarreadas parroquiales hasta las cuatro de la madrugada. En esa ocasión también afirmó que "quiero que la Iglesia salga a la calle". Y habló de que la civilización mundial "se pasó de rosca". El consejo que les dio sobre cómo llevarlo a cabo fue poner en práctica las bienaventuranzas (tener sed y hambre de justicia, y misericordia; trabajar por la paz y ser limpios de corazón). Así por lo menos lo informaron los medios del mundo.
En tanto que el segundo ejemplo es sobre un juguete para niños que tienen las familias del movimiento Focolares, llamado "el dado del amor", que no es más que una explicación didáctica y práctica de los dos mandamientos católicos más importantes: amar a Dios y a los demás como a uno mismo. En cada una de las seis caras del dado hay una frase. Las mismas son: "amar a todos", "ser el primero en amar", "amar a los enemigos", "amarse recíprocamente", "amar a Jesús en el otro", "amar a todos". A esto los focolares le llaman "el ideal" y cuando una vez le pregunté qué significa esa palabra me respondieron "porque es más que una ideología", ya que esta forma de vivir lo puede llevar en su vida real (y de hecho que lo hacen) personas de izquierda, derecha o de ideología indefinida.
Pero aún así esto no alcanza para intentar llevar a cabo este "ideal" a un plano cosmopolita: sólo es el combustible espiritual (o la razón más importante para vivir) de ellos -ya sean de izquierda o derecha-. Para definitivamente llevarlo a las acciones,  el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia brinda unos principios generales. Se trata de los principios de: 
Bien Común (en líneas muy resumidas, cuando un individuo, para realizarse, necesita encontrarse con y "para" los demás), Destino Universal de los bienes (todo hombre debe tener la posibilidad de gozar del bienestar necesario para su pleno desarrollo, con una opción preferencial para los pobres), Subsidiaridad (todas las sociedades de orden mayor, como el Estado, deben apoyar, ayudar y promover el desarrollo de  las sociedades menores, como la familia, entre otros. Nunca absorberlos ni destruirlos), Solidaridad (reconocer en el conjunto de los vínculos que unen a los hombres -y a los grupos sociales entre sí- el espacio ofrecido a la libertad humana para ocuparse del crecimiento común, compartido por todos) y Participación (serie de actividades por la que cada ciudadano solo o asociado con otros, directamente o por medio de los propios representantes, contribuya a la vida cultural, económica, política y social de la comunidad civil a la que pertenece, en modo responsable y con vistas al bien común).
Todo esto lo pueden aplicar individuos de derecha y de izquierda, y de ideología neutra (siempre y cuando, vale repetirlo, el objetivo se la dignidad de la persona y aceptar la trascendencia espiritual del ser humano).
Para dar ejemplos, fundaciones como Conin o Red Solidaria llevan a cabo estas acciones, como lo también lo hacen muchos individuos en forma personal y sin llamar la atención en su ámbito de trabajo o de vida. Y lo hacen aplicando técnicas y procedimientos concretos.
El problema es que me animo a decir que gran parte del mundo católico desconoce ésto y para vivir su fe aplican la receta más relajada y que hoy el papa Francisco intenta revertir (y que bien lo describió el periodista de Clarín Sergio Rubín): de poner en primer lugar las normas morales (lo que está mal vs está bien), luego la doctrina y por último el Evangelio (el ejemplo de Jesús), la iglesia ahora busca poner en primer lugar lo más difícil, que es seguir el ejemplo de Jesús (el Evangelio o "la Palabra", para los cristianos evangélicos, lo que exige una conducta coherente), luego la doctrina (lo que vimos del Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, por ejemplo) y por último, las normas morales. La diferencia de este orden lo dice el mismo San Pablo, en la lectura que muchos escuchan en los casamientos: por más que haga las cosas moralemente correctas, "si yo no tengo amor, yo nada soy".
Esa entrevista dada por Bergoglio a la revista jesuita -que según los medios "conmocionó al mundo"- desde adentro de la iglesia coinciden en que el fundamento del discurso no cambió (bien común, dignidad del ser humano, amar y perdonar, bienventuranzas y unidad, etc). Sólo está cambiando la forma de mostrarlo con hechos y palabras, lo que lleva a muchos medios a descubrir de a poco, a través de los gestos del papa Bergoglio, lo que realmente la iglesia católica viene diciendo desde años antes de que surgiera la izquierda o la derecha.
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