lunes, 4 de noviembre de 2013

Quiénes en Mendoza ayudan a que novios lleguen bien al matrimonio y las familias sigan unidas

Las relaciones modernas son menos estables que años atrás. Sin embargo, ONG y grupos afines a iglesias lograron convertir en proyectos de familia a novios, parejas y matrimonios en crisis.

Artículo publicado en Mdzol.com

“El amor del te quiero se sostiene en la utopía de una relación sin conflictos y cuando se llega al conflicto no se sabe que eso existe. ¿Dónde se está enseñando a hacer familia? Si en los hechos casi nadie lo hace, entonces se justifica que fracasen las familias”.
Estas palabras vertidas por Fabián Ruiz coinciden con Cecilia Scarafia, quien considera que el fracaso de muchas parejas por eludir los conflictos es porque ambos no desarrollaron habilidades comunicativas para “integrar la voluntad, sentimiento y razón”, que se visualice en personalidades maduras.
“Hoy es muy común el dejarse llevar por lo que uno siente, lo que lleva muchas veces a que uno de los dos diga –por ejemplo- que no tengo ganas de hacer nada y no quiero escucharte”, comentó Scarafia.
Desde su experiencia, Pablo Pavezka afirma que “el enamoramiento se puede acabar, pero el amor hay que alimentarlo, no es algo caprichoso y hay que pensarlo”. En tanto que Ruiz agrega que “muchos llegan al matrimonio con un amor egoísta que si no se supera y se pasa a otro tipo de amor se hace difícil que una pareja llegue hasta el final”.
Diálogo constante y abierto para un vínculo dinámico, y sustituir el "yo" por el "nosotros" para lograr una armonía entre sentimiento, razón y voluntad, que permita construir un proyecto de vida sostenido en el amor como decisión. Todo esto es lo que hay en común en lo que sostienen Fabián Ruiz, Cecilia Scarafia, Pablo Pavezka y cientos de mendocinos -que desde  fundaciones y movimientos católicos y evangélicos- se proponen a que un proyecto de vida compartida derive en una familia estable y no en un vínculo con fecha de vencimiento, muchas veces determinado porque "se acabó la magia",  o porque un hijo se interpuso a los proyectos personales,  por miedo al compromiso, o porque "el trabajo es lo más importante", entre otros.
En Argentina, una de cada tres parejas se divorcia y el 60% de las rupturas es impulsada por las mujeres, según indica un informe publicado por la abogada María Bertoldi de Fourcade.
Las crisis de pareja se empiezan a manifestar en algunos ciclos fundamentales de la vida en dualidad. La convivencia, la llegada de los hijos, la libertad de la mujer y la jubilación generan conflictos que pueden derivar en rupturas.
Hace unos días, MDZ le preguntó a quienes llevan más de 10 años juntos si cree que el amor existe.  El 89% confía en que sí y apenas el 11% cree que no. Es decir, que nueve de cada diez personas apuestan al amor. No se trata de cualquiera, sino de aquellos que hace más de diez años conviven. 
Fabián Ruiz es pastor de la iglesia de la Alameda, la primera bautista de Mendoza; Cecilia Scarafia integra la Fundación Crescere, que se enfoca en fortalecer los vínculos, mientras que Pablo Pavezka es diseñador gráfico y dibujante: con su mujer es una de las tantas parejas que integra el Movimiento Familiar Cristiano, un grupo católico que se reúne en la iglesia de Pompeya, en Paso de los Andes y Derqui de Godoy Cruz.   
“Allí nos invitó el cura que nos casó”, cuenta el dibujante. “Nos dijo que era un grupo de matrimonios amigos. Con el tiempo nos fuimos dando cuenta de que estaban en la misma situación de nosotros y nos empezamos a unir más a ellos porque nuestros amigos viven una situación distinta y muchas veces nos sentíamos solos. En cambio, cuando te juntás con matrimonios como el tuyo te sentís más contenido y ellos terminan convirtiéndose en un grupo de amigos, al punto que uno siente la necesidad de reunirse”.

Esas reuniones, según explicó el diseñador gráfico, consiste en juntadas en casas de familia. “Allí se lee un mínimo contenido que sirve de disparador para analizar la situación de uno mismo. Y de la charla surge algo que se aprende. Por ejemplo, al ver cómo otras parejas afrontaron antes una situación que con tu mujer vos estás viviendo ahora es cuando uno empieza  a verse a si mismo. Y en todo eso está la relación con Dios”, comentó.
También compartió una reflexión de su experiencia:

“Lo que uno debería saber cuando se casa es que hay un proyecto común y eso lleva trabajo: hay que planearlo. Con estos grupos uno encuentra las herramientas para que ese amor pueda crecer porque o sino se va apagando”.
En este sentido agregó que hoy existen fracasos “porque no hay proyecto en común. Porque la sociedad no te ayuda. Porque antes la familia era una institución fuerte y ahora, no. Está el individualismo. Todos los mensajes que llegan hablan del individualismo, de disfrutar, de no planear”.
Y expresó que “tenés que encontrar a alguien que te ayude porque el ambiente hoy no te ayuda”.
Ruiz coincide con Pavezka en la necesidad de pedir ayuda externa:
“El secreto de las parejas que llegan hasta el final es que piden ayuda y muchas veces (y por orgullo) se comen sus conflictos, no se lo cuentan a nadie y la verdad es que todos necesitamos de otros”.

Los divorcios y separaciones también preocupan a la comunidad bautista y para ello Ruiz afirma que “trabajamos desde muchos lugares con la idea de evitar que se llegue a las crisis”. Para ello la iglesia de la Alameda desarrolló programas de enriquecimiento matrimonial, con unos 40 grupos de matrimonios que se reúnen todas las semanas en casas de familia para compartir experiencias  y para apoyarse en forma permanente.
“También tenemos un cursillo llamado Amémonos siempre, que dura 13 semanas y que apunta al enriquecimiento matrimonial”.
Al igual que en la comunidad católica, los novios de la fe bautista hacen un curso prematrimonial “para clarificar los cimientos correctos del futuro matrimonio”.
“También hacemos unos cuatro o cinco retiros al año de enriquecimiento matrimonial, para fortalecer áreas como la sexualidad, comunicación y uno en especial, que es el amor maduro. Hoy el principal enemigo es un amor adolescente y egoísta que busca confundir el te quiero con el te amo: muchos llegan al matrimonio con ese amor egoísta: si no se supera y se va hacia otro tipo de amor es difícil que una pareja llegue hasta el final”, sostuvo el pastor de la iglesia bautista de la Alameda.

Sobre las rupturas agregó que la confluencia de factores culturales lleva “a la utopía” de que uno puede salir de una familia y empezar otra “como si fuera un mero trámite, saliendo ileso”, sin ningún tipo de daño emocional “y la verdad no es así”.

“En la ficción de los medios de comunicación ocurre, pero en la vida realidad es un acopio de fracasos que no hace tan sencillo reconstruir el vínculo”.
Sostiene que desde la comunidad que se reúne en la iglesia situada en San Martín 2020 “creemos en los matrimonios en segundas nupcias”, pero allí la realidad es más compleja, “porque capturar el milagro del amor es más complejo”.
Ruiz aconseja el film “A prueba de fuego”, a partir de un escenario en el que las parejas se embarcan a emprender una familia “sin la mínima capacitación”, lo que ellos se proponen es “cómo una pareja puede evolucionar desde una situación egoísta hacia un amor verdadero”.
Mendocinos que deciden construir el amor
“El Fin de Semana de Novios fue para nosotros una escuela para aprender a ser familia, porque en tu casa eso no te lo enseñan, y la sociedad y los medios de comunicación tampoco," comentó Natalia, una joven del Barrio Ujemvi, tras participar en mayo último de la experiencia que cada dos meses, en promedio, organiza el movimiento católico Encuentro Matrimonial, en el Instituto Próvolo de Luján de Cuyo.
Según los “encuentristas” no es retiro espiritual ni convivencia. Es una experiencia que traducido al español consiste en dedicarle un fin de semana a la pareja. En este sentido, la estudiante de Trabajo Social de Las Heras –que lleva cinco años saliendo con Mauro- reconoció lo que admiten muchos encuentristas: en ese fin de semana se conocieron más que los años acumulados de relación con su novio Mauro.

Encuentro Matrimonial surgió en España y se extendió a varios países. Hace dos semanas celebraron sus 25 años en Mendoza y se distingue del resto de los grupos católicos por la profunda labor que se hace sobre el díalogo en la pareja, a través de la experiencia del fin de semana –organizado por un equipo de novios, matrimonios, sacerdotes y colaboradores- y de los talleres que siguen al mismo. Allí se aborda al individuo y sobre todo la comunicación, a través de un profundo trabajo para identificar los sentimientos que pueden impedir que fluya el diálogo en una pareja. 
 “Aprendí que el diálogo es amor y el amor es una decisión”, reconoció Facundo, un técnico de una imprenta de Guaymallén. Llegó al fin de semana en plena crisis de pareja con Agustina, con quien convivía y tenían a la pequeña Rocío. Luego de la experiencia y de los talleres que acompañaron al mismo, Facundo y Agustina decidieron contraer matrimonio, y dos años después llegó Jeremías, el hermanito que tanto esperaba Rocío. Ambos reconocieron que el diálogo hizo mucho para lograr que el sentimiento se integrara con la voluntad y la razón para convertir la misma, parafraseando al psicólogo Enrique Rojas, en un “amor inteligente” y a la vez dinámico.  
Otro grupo católico que hace talleres para novios y matrimonios es Familias Nuevas del Movimiento de María o Focolares, Con una dinámica algo parecida al Movimiento Familiar Cristiano, se reúnen grupos de matrimonios, viudas y madres solteras en casas para compartir alguna reflexión de Chiara Lubic (en la foto), la fundadora de este movimiento, y luego experiencias de vida.

“El hecho de compartir lo màs importante que tiene uno -que es la experiencia de la relación-  te hace sentir que están en familia y en unidad con ellos y con los que te rodean, porque el deseo de unidad se contagia y a la vez, la cosa no termina en vos y tu mujer, sino que se expande a los demás, que ven en nosotros una familia que los puede contener ”, comentó Guillermo, quien participa en Familias Nuevas con Graciela, su mujer.
Fortalecer los vínculos
Cecilia Scarafia se desempeña en Fundación Crescere, que se dedica a fortalecer los vínculos entre  familia y escuela. “Trabajamos con directivos, padres y alumnos para fortalecer los vínculos entre ellos mismos y para que los valores –respetar y perdonar al otro, la dignidad, solidaridad y la comunicación- se lleven a la práctica y así los vínculos se fortalezcan, porque estamos en una época con crisis en los vínculos: eso nos aísla, lleva a desencuentro y a no vivir en armonía con la familia y el trabajo”.
Dijo que en la actualidad “más del 80% de la separaciones son por temas evitables, no por temas complejos” y mucho tiene que ver con el “poco autodominio, poca capacidad de ceder y de negociar, pocas habilidades de comunicación”; en algunos casos “por rupturas con sus familias políticas, por no dialogar la sexualidad y por diferencia en la escala de valores y bienes de la pareja”; también por el ritmo de vida “que no ayuda a tener momentos de encuentros”, ya que “cada uno tiene proyectos personales y no hay tiempo para construir un proyecto de familia”. En muchos casos, cuando se impone el “yo” y “vos” y no el “nosotros” el resultado es que “no hay nada que motive e ilusione con lo que estás haciendo con el otro”.
Sostiene que muchos conflictos aparecen cuando se pretende “que la mujer sienta, razone y vea las cosas igual que el varón y el varón sienta, razone y vea las cosas igual que la mujer”.
Sobre casos exitosos, Scarafia comentó algo curioso: en el último año se logró salvar a cuatro parejas simplemente con conversaciones telefónicas:
“Cada pareja ya se había separado y en todos los casos por crisis en el diálogo: en uno de los mismos habia una típica crisis del primer hijo, que exige reacomodamiento y al no hacerlo bien aparecen las culpabilizaciones. En estos casos solamente hablando por teléfono, un buen libro de por medio, y proponiéndoles a que desarrollen habilidades para un diálogo sin agresión, en el que se combine bien el proyecto personal y el proyecto de pareja, estos matrimonios lograron recomponerse”.
En estos casos, “Cimientos ayuda esa primera ayuda para que desarrollen habilidades en el vínculo para que los dos puedan resolver las crisis familiares”.
Afirma que “trabajamos en desarrollar los vínculos porque uno no es mal marido o mala mujer porque quierea serlo, sino porque no sabe cómo hacerlo”.
Además de Crescere, otra entidad que hace una labor relacionada a la temática es la Fundación Pilar, que se inició en Mendoza en octubre de 2008 y ya está en varias provincias.

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