miércoles, 11 de diciembre de 2013

Cristina evitó que el relato colapsara definitivamente




Anoche, los argentinos seguían por televisión las horas dramáticas que vive Tucumán. Menos en Plaza de Mayo, donde había un festín con León Gieco (lamentablemente, León Gieco), como uno de sus protagonistas.

Las excusas que dio Cristina para no hablar en cadena nacional (nadie se las pidió) no fueron muy claras. Pero seguramente alguien le habrá dicho que no lo haga. Cualquier argentino que lo haya visto por TV entiende que era el relato en su máxima expresión: nadie se hubiera bancado verla a ella bailar con la hija de Moria mientras en Tucumán seguía el horror.

Horas después de ese discurso murieron dos más en la provincia gobernada por el kirchnerista Alperovich.

Ocho muertos en dos provincias K (Tucumán y Chaco).

Esto, a pocos días de finalizar la "década ganada", que nos dejará para 2014 un año con 1% de crecimiento (o sea, nada) y 30% de inflación.

Dos hechos evitaron que el relato colapsara definitivamente: que Tucumán no es Buenos Aires y que los argentinos que veían TV no tuvieran que chocarse con una realidad dramática vs una fantasía bien elaborada.

Lo duro de todo ésto es que músicos como León Gieco y otros que estuvieron allí ya dejaron de ser representantivos. Perdieron credibilidad. Lo mismo que los periodistas oficialistas convencidos (porque están los que aguantan este momento para mantener a su familia). También esto es un fracaso para Follari y los fundamentalistas de la sociología retrógrada: ni el mejor director de cine del mundo hubiera filmado lo que sucedió en Tucumán, por lo tanto, mucho menos Clarín. Se equivocaron al confundir sentido crítico con "yo tengo razón" + "dividamos el mundo, así cosechamos algo".

El único que la tuvo clara desde el inicio fue Jorge Bergoglio apenas fue electo Papa, con su primer mensaje para los argentinos: "quiéranse y cuídensen los unos y los otros".

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