miércoles, 15 de enero de 2014

44 years old

Creo que jamás en mi vida imaginé cómo iba a ser a los 44. A los 50 años es la fecha en que la imaginación infantil dice que ya sos viejo y que te podés morir. Hay que contar seis años más. No es mucho. Mientras, para la mente faltan 40 años para cumplir 50.

Cuando tenía 10, como todo pibe, soñaba con la máquina del tiempo. Era meterse para viajar al futuro, como la película. Pasaba que ir al futuro implicaba correr el riesgo de verse en el espejo y mostrarse tal como uno será cuando tenga los años que tendrá en el momento en que aterrice esa máquina del tiempo.

Para empezar a los 10 no sabía que me iba a dedicar al periodismo. Realmente jamás lo imaginé. Y para ser sincero pensé que económicamente iba a estar mucho mejor que ahora. Y con hijos.

La única realidad es que jamás imaginé a los 10 que a los 44 iba a ser lo que hoy soy. Y con la sorpresa de que mi mujer también cumple los años hoy.

Saldo positivo, porque:

...tuve la suerte de dejar compartir el libreto de la vida, o que la misma vida pusiera piedras en el camino a mis sueños para que me viera obligado a mirar más para afuera que para adentro.

... el compartir te lleva a eso, a tener que aceptar la vida.

... y porque te lleva también a descubrir lo que menos pensaba descubrir de vos, de juntarte y entenderte con gente que jamás pensaste que podías compartir algo.

... porque cada día te das cuenta que sos más útil para los demás, sobre todo en lo que Dios quiere que vos seas útil. Esto es muy largo de explicar, pero es así.

Puede que los 44 sea la mitad de la vida por cómo está la medicina hoy. No creo que mi salud dé para vivir tantos años. Hoy laburo a full y si bien aún no tuve la suerte de conocer el mundo, tampoco creo que la autorrealización y los logros de la vida pasen por ahí.

También entiendo, respecto de lo que puede ser el final de la vida, que así como cada año vivido me ha dado sorpresas, puede pasar con lo que sucedió con el cura Bergoglio: a los 76 años, cuando se estaba por jubilar, se va a vivir afuera de Argentina y se convierte en el tipo más convocante del mundo, con un mensaje que lo hace redescubrir a sí mismo, porque encuentra que esa experiencia silenciosa acumulada en años, arriba del subte y compartiendo con los pobres, hoy es su principal riqueza, del que millones de personas espera que lo comparta con sus palabras.

En medio del cansancio y muchas veces, de las pequeñas frustraciones, me ilusiona saber que estoy cultivando algo que en el futuro podrá servir para alimentar a alguien.

Aprovecho la ocasión para compartir este día agradeciendo a los que compartieron conmigo estos Apuntes, ustedes.

De regalo de cumpleaños les dejo algo inédito: dos canciones que grabé hace un mes y medio en Buenos Aires. Una de ellas, Pasajero, es de mi autoría y la canto yo (disculpen, es un demo, no está la versión definitiva).

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