martes, 18 de febrero de 2014

El poco tiempo para hacer un título vs la confianza

O los periodistas mejoramos los títulos o los lectores fortalecen su sentido crítico. O como dice el Chavo, las dos cosas.

El sentido común diría que nosotros digamos la verdad y listo, porque la realidad es una sola.

En las épocas del papel, hablemos de 1995 hacia atrás, al menos en el Interior de Argentina -Interior es lo que está adentro y Exterior, lo que está afuera, así que se entiende que todo el país, entonces-, los editores se tomaban un buen tiempo para armar el título. Inclusive los periodistas delegaban completamente esa función. Eso contribuía a la objetividad.

Hoy cada medio publica más títulos que antes. Y el periodista además es editor y editor de fotos (selecciona la imagen de la agencia o del mismo Internet, recorta la misma y la ubica en la nota). A la vez, ese periodista en una tarde no trabaja sólo una nota, sino que unas diez o doce (contando los cables de agencias que selecciona, edita, titula y ubica en la web del diario).

Hasta aquí nada nuevo. Salvo entender que hay más riesgo de errores de tipeo, ortográficos y de lo que viene ahora, de interpretación de un título.

A nivel diseño e impacto visual, cuando un lector observa un título la impresión que le deja es que es lo que piensa ese medio periodístico y que quien lo hizo estuvo pensando en el mismo un par de horas. Y la realidad es que casi en el 100% de los casos lo que sale no es lo que piensa el medio y mucho menos, que se tomó todo el tiempo del mundo en titular sin equivocarse.

"Armar un cable me lleva dos minutos", me dijo un editor recientemente. Armar significa seleccionarlo de la agencia, unir las piezas textuales del cable (eso se los explicaré después, pero sería un buen valor agregado de las agencias para que los periodistas no pierdan tiempo en las Redacciones), poner título y bajada, buscar la foto y dejarla lista para publicar.

Es muy rápido, se entiende (no es así en todos los casos, pero si no son dos minutos serán cinco, más de eso, no).

Pero ya nos predispone a lo siguiente: hacer un título que diga toda la noticia o un título que sea un rejunte de palabras. Y si es así estamos ante una tercera instancia: del rejunte de palabras a la manipulación total de la noticia.

No es fácil resumir en una oración una noticia de coyuntura económica financiera. Sí lo es, en cambio, para un policial.

El problema es la presión interna que hoy tiene el periodista: el título que venda, que genere lecturas. Eso implica dejar de ser informativo, salvo que la noticia misma lo diga todo (por ejemplo, "Argentina venció a Brasil por 3 a 0).

Poco tiempo y en pocas palabras. Y además que venda: eso es un título.

Todo esto facilita el error por interpretación y el error por manipulación. Y también el error por ignorancia, porque muchos periodistas que titulan, por una cuestión de época, no saben bien qué pasó en el país y en el mundo en los últimos cincuenta años, entonces pueden equivocarse sin querer en un título que se refiera a algo que sucedió hace 30 años.


En lo que respecta  a error por manipulación he visto que el título que busca ganar lecturas es el que se adecua al deseo de lo que uno quisiera leer. Y eso facilita la manipulación porque a veces, por un detalle mínimo, una noticia no es lo que uno quisiera que sea. Un buen ejemplo lo pusimos acá en Apuntes, cuando nos referimos a los medios que mezclaron la bajada de línea de Naciones Unidas a la Iglesia por el tema aborto y algunos medios lo mezclaron con el tema abusos, entonces el resultado fue que la iglesia se molestó porque ONU quiso intervenir en el tema abusos cuando en realidad lo quiso hacer con el tema aborto, educación sexual y otros. Y así con muchos temas más.

Hay que rescatar algo positivo: si ese título no te convenció o le encontraste algo dudoso, entonces podés entrar a Google y consultarlo con otro diario. Por suerte no es uno solo el que lo dice, entonces uno tiene la posibilidad de acceder hasta la misma fuente de información.

El gran peligro: la confusión.

Es que también está dado el escenario para la confusión porque hoy todos tenemos menos tiempo para leer y reflexionar una noticia.

Por eso hay algo invisible y valioso: la confianza en el medio.

El medio que se arriesga a meter ideología en una noticia corre el riesgo de que Google lo delate con otros medios que hayan informado con objetividad y así terminen perdiendo.

Una fórmula: amar la realidad, la verdad.




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