sábado, 26 de abril de 2014

Juan Pablo II y Juan XXIII: por qué juntos en el altar

Qué significa ser santo y por qué Juan 23 hizo el recorrido en 50 años y Juan Pablo II, en 8. Qué legado dejaron. Testimonios de mendocinos. Cómo vivió por dentro Wojtyla el problema de los abusos y por qué no pudo resolverlo. 

Para entender qué es la santidad para los católicos conviene explorar la vida de Giuseppe Desa, un campesino italiano en sus primeros años desnutrido y durante muchos años, con un nivel intelectual demasiado bajo. Su mamá, Francesca, ante la extrema pobreza en la que vivían lo trató muy duro en su infancia y para escapar de la situación, muchas veces él se refugió en el atrio de la iglesia de la aldea napolitana de Cupertino.

En 1620 y a los 17 años, Francesca pidió meter a Giuseppe en la orden franciscana de los Frailes Menores. No pudo porque "no le daba la cabeza". Luego su madre insistió con otra orden religiosa, los Hermanos Menores Capuchinos. Aunque todos reconocieron su bondad y humildad, al año lo expulsaron por su ineptitud. Así Giuseppe se vio forzado a regresar a la miseria y el desprecio de su casa.



Su madre lo agarró de los pelos y lo llevó a otra casa franciscana, en Grottella. Allí quisieron que fuera cura y para eso debía estudiar mucho: no le daba la cabeza, apenas sabía una sencilla frase del evangelio de San Lucas: "bendito es el fruto de tu vientre Jesús" (Lc 11, 17). Para algunos tuvo suerte y para otros hubo una notoria intervención divina, la cuestión fue que en el examen más exigente que rindió para ser sacerdote le pidieron que explicara esa frase bíblica y lo hizo con tan convencido que lo nombraron sacerdote. Muchos de sus compañeros franciscanos no lo soportaron y aprovecharon su perfil bajo, humildad, bondad y estrechez mental para marginarlo. Pero un día vieron que Giuseppe levitaba mientras rezaba. Los más intelectuales e influyentes de la orden forzaron la situación para que le hicieran un exorcismo, para así comprobar que Giuseppe era un farsante. Fue una mala jugada: esta vez todos -amigos y enemigos- lo vieron flotar en el aire mientras rezaba. Entonces lo llevaron a Roma para que lo viera el mismo papa de entonces, Urbano VII. No había dudas: Giuseppe, conocido como San José de Cupertino, era un elegido de Dios. Murió en 1663 y fue canonizado en 1767.

En los evangelios que describen la vida y las palabras de Jesús se explica por qué una persona torpe, despreciada y a la vez humilde, devota, con alma de niño y llena de amor sea hoy el santo patrono de los estudiantes, aviadores, pasajeros aéreos y astronautas.

Y a partir de esto, en definitiva también se puede entender qué es ser santo.

Chiara Lubic, fundadora del movimiento Focolares, dijo que "ningún hombre sabe lo que es santo", pero a la vez sostuvo que "si quieres conocer el amor, pregúntaselo a un santo". Toda una clave para en definitiva entender qué es la santidad, algo que en estas horas muchos no creyentes y hasta creyentes se preguntan, en vísperas de la ceremonia que este domingo todo el mundo seguirá: la proclamación de Karol Wojtyla y de Ángelo Giuseppe Roncalli como santos.  El polaco, a ocho años de su muerte y el italiano, a 50 años de su deceso.

Si bien los católicos que practican su fe no dudan de la santidad de ambos, en la otra vereda hay muchos no asimilan la rapidez cómo el polaco Wojtyla llegó al altar, sobre todo porque durante su papado ocurrieron escándalos de abusos sexuales que al mundo cristiano le cuesta aún entender y aceptarlo. Y porque su trayectoria como sacerdote y obispo de Cracovia y luego de Roma tuvo su costado político.




"Algunas personas quedan perplejas frente a la cuestión de los milagros, que tanto malestar genera en el ámbito científico y en los ambientes más afines a una mentalidad racional. Hay quienes no comprenden la rapidez de los procesos y preferirían la perspectiva histórica de los años. Otros creen que canonizar a un papa encierra el peligro de canonizar sus opiniones. No todas las acciones de alguien declarado santo pueden ser tenidas por acertadas, ni mucho menos", explica José María Poirier, de la revista focolar Ciudad Nueva

"Hubo santos que fueron a las cruzadas y otros que defendieron la Inquisición. Hubo santos guerreros y extravagantes. Los hubo de todos los colores políticos y de todas las clases sociales, reyes y plebellos. La santidad de un papa no supone que todo su pontificado haya sido ejemplar y que nunca se haya equivocado. Lo ejemplar de los santos, papas o no, son sus virtudes de vida, su entrega a Dios y su amor sin medida por los hermanos. Cuando la Iglesia proclama santos lo hace para resaltar las virtudes heroicas y proponer ejemplos de vida", completa.


Pese a todo, por qué son santos

Austen Ivereigh es periodista y escritor; dirigió el periódico católico The Tablet y se lo conoce por ser fundador y coordinador de Catholic Voices. Además de escribir para medios como The Guardian, es autor del libro Pope Francis, the great reformer, que en octubre saldrá a la venta en Estados Unidos.

Desde Londres respondió a MDZ sobre por qué ambos pontífices llegaron juntos al altar y por qué en el caso particular de Wojtyla, ya que en su papado hubo una estrategia de ocultamiento en lo que hace al tema abusos sexuales.

1. ¿Qué caminos para llegar a Dios dejaron Wojtyla y Roncalli?

_ En los dos casos escogieron el camino hacia la santidad como algo que cada uno había elegido libremente y que les exigió un compromiso total. Y en los dos casos se ve el fruto de una obediencia total al Espíritu Santo y el coraje que esto conlleva. En Juan XXIII fue el convocar el Concilio Vaticano II. En Juan Pablo II fue un liderazgo fuerte que logró unificar a la iglesia y restaurar un fuerte sentido de su identidad.

2. ¿Por haber sido ambos papas, tuvieron privilegios para lograr la canonización?

_ Por el hecho de ser papas tienen gran fama mundial y de ahí no hay necesidad de pasar por las varias fases de la canonización en las cuales se exigen pruebas. O sea, la forma en que serán declarados santos obedece a una gran tradición de aclamación popular. No es por favoritismo, sino en reconocimiento de la repercusión que han tenido.

3. ¿La Iglesia quiere mostrarse unida declarando santos a los dos a la vez?

_ Ya que los dos son considerados símbolos de tendencias opuestas en la Iglesia, el mensaje de unidad es obvio. Tal vez es el momento de reconocer que los dos papados eran necesarios para los tiempos en que vivieron, y que ‘conservador’ y ‘progresista’ no son, en el fondo, epitetas muy útiles.En muchas cosas Juan XXIII era un tradicionalista, y en muchas cosas Juan Pablo II era muy avanzado. Mucho depende de la óptica desde donde uno los considera.

4. ¿Por qué Juan Pablo II no reaccionó a tiempo con las denuncias de abuso sexual adentro de la Iglesia?

_ Fue lento en enterarse y en actuar por varias razones conjuntas. Primero, consideraba que era un problema de la Iglesia local, la diócesis, que no afectaba directamente a la Santa Sede. Segundo, cuando las cosas se pusieron graves, en el 2000-2001, el papa estaba ya bastante enfermo y débil, y dejaba mucho en manos de cardenales curiales, con una mentalidad predispuesta a cerrar las filas. Pero hay que reconocer que tomó una medida fundamental: en 2011 ordenó que los casos fuesen transferidos desde la congregación del clero a la de la doctrina de la fe, bajo el cardenal Ratzinger, quien fue el que insistió en que los obispos le informaran de los casospara que él pudiera asegurar que se tomaran las medidas necesarias. Fue el comienzo del cambio, que se profundizó al ser electo como papa Benedicto XVI.



5. En su libro "Viví con un santo", el cardenal polaco Stanislaw Dziwisz, colaborador de Juan Pablo II durante mucho tiempo, dijo que Wojtyla "no supo absolutamente nada" sobre la conducta de Maciel. ¿Juan Pablo II nunca se enteró por la prensa o por otras fuentes?

_ Lo que dice Dziwisz es probable. Juan Pablo II se convirtió durante esos últimos años en una figura remota. Su cansancio y enfermedad hicieron que ya no se ocupara de los asuntos, y la curia - bajo el secretario del Estado, cardenal Sodano- , adquirió un poder casi absoluto. La falta de acción escandalosa con respecto a Maciel se debía a los grandes lazos de cariño y de dinero entre él y los altos oficiales curiales como Sodano. A Ratzinger le horrorizaba esta red y entre sus primeras acciones al asumir el papado fue cambiar el secretario de Estado y castigar a Maciel.

 "Me enseñó a valorar la dignidad de las personas"

Marcelo De Benedictis es un cura muy conocido de Mendoza. Desde hace más de diez años está al frente de la parroquia San Miguel Arcángel de Las Heras y la novedad es que desde el próximo 25 de mayo desembarcará como párroco de Santiago Apóstol y San Nicolás, la iglesia de la peatonal Sarmiento.

"Juan Pablo me ha acompañado a lo largo de mi vida cristiana y sacerdotal. Él me ha enseñado cómo ser pastor en la Iglesia. Además, me ha enseñado el valor de la cruz, de la fe, de la esperanza, del amor y de la dignidad de cada hombre y de cada mujer. También me enseñó a ser valiente, paciente y hacedor de cultura, cultivando los grandes valores de la vida, de la solidaridad, del trabajo, del diálogo, de la justicia y de la paz", expresó.

A la hora de explicar qué es ser santo, De Benedictis lo definió así: "El camino para ser santos es el del Amor generoso, donado y crucificado, con el corazón puesto en el triunfo del Resucitado, vencedor de la muerte, del mal y de todo egoísmo".


"Marcó un cambio de paradigma en lo que es fe y razón"

Hernán Guiñazú es un ingeniero casado y con tres hijos. Desde hace 40 años con su mujer integran la Orden Franciscana Seglar. Al igual que De Benedictis afirma que el papa Wojtyla lo acompañó a lo largo de su vida y lo calificó como "una persona excepcional".

"Mostró una incondicional entrega a la voluntad de Dios. Por primera vez mostró a María en el escudo papal. Afirman que mucho tuvo que ver él con la caída del muro de Berlín, un hecho que ocurrió sin derramamiento de sangre ni agresión. Trabajó por la paz y para que no haya divisiones. Fue el primero en hacer una encícilica sobre fe y razón, en las que dijo que son dos caminos que van en paralelo, dos alas de una misma ave, en las que ambas tienen que estar en movimiento".

La respuesta que da a quienes cuestionan a Wojtyla por su ineficaz respuesta al tema abusos, el laico franciscano opinió que Juan Pablo II "debe haber actuado para que el escándalo no haya sido mayor al que fue".

Otra respuesta de fondo al tema abusos

Manuel de Elía es profesor de Teología de la Universidad Austral (Buenos Aires). Consultado por MDZ sobre el desempeño del Vaticano en tiempos de Wojtyla en este tema coincide con Austen Ivereigh en la labor relevante del cardenal y luego papa Ratzinger, pero agregó un dato más: la dificultad que tuvo Wojtyla para admitir las denuncias de abuso, dado el contexto histórico en que se dio:

Un gran historiador decía que el único error que no puede cometer un historiador es el anacronismo. Hoy tenemos una idea más certera del problema de los abusos perpetrados por clérigos, pero avanzar en esta toma de conciencia fue un proceso muy complejo. De hecho, la misma Iglesia es pionera en el modo de encarar el tema, que como se sabe afecta a numerosas instituciones.

Juan Pablo II había vivido bajo el régimen soviético y en ese contexto había experimentado que se utilizaban este tipo de denuncias para perjudicar a personas inocentes. Su marco histórico y su propia honestidad personal le hacían más difícil darle credibilidad a las denuncias recibidas, muchas veces disminuidas por sus colaboradores.

Sin embargo, cuando los hechos fueron ganando en fuerza, se lanzó a investigarlos y combatirlos, encargando el tema al entonces Card. Ratzinger. Esas fueron las bases de las actuales políticas. Eso sí, yo creo que nadie suponía en ese momento la dimensión que el problema tomó después.

Mi impresión es que el tiempo mostrará -y sobre todo la investigación- que la falta de claridad sobre el problema de los abusos hizo posible que un hombre tan sensible a la dignidad de cada ser humano, como lo era Juan Pablo II, respondió fundamentalmente a motivos históricos. Sin embargo, en mi opinión no es un tema menor la obnubilación de algunos de sus colaboradores. Recuerdo un sacerdote de la curia que citó una frase del Papa Wojtila: "Yo me puedo ocupar de nombramientos hasta de los arzobispos. De los obispos tengo que confiar en los que me asesoran". Era la toma de conciencia de los límites que suponía el gobierno de una institución tan compleja.

La versión del vocero de Juan Pablo

Joaquín Navarro Vals fue durante 22 años el portavoz del santo polaco. Ayer afirmó al sitio Aci Prensa que Wojtyla "ordenó y autorizó" la investigación del Vaticano contra el fundador de los Legionarios de Cristo, Marcial Maciel, pero admite que al polaco le costó "aceptar que el ser humano pudiera causar tanto daño".

Al final de su pontificado, en 2005, llegaron los resultados finales de la larga investigación que había ordenado sobre el caso en México, Barcelona y Estados Unidos.  Debido a que Juan Pablo II acaba de fallecer, Navarro Vals contó que quien recibió el informe del caso fue Ratzinger, que se estaba estrenando como Benedicto XVI. Al recibirlo, al ex papa alemán le preguntó cuándo había que hacer público el documento y la respuesta de Ratzinger, "sin pensarlo mucho" fue que lo comunicara al día siguiente.



Dos santos y tres milagros

En 1966, la religiosa Caterina Capitani sufría de una perforación gástrica hemorrágica con fistulación externa y peritonitis aguda. El 22 de mayo de ese año, las hermanas monjas de esa religiosa le colocaron sobre el estómago una imagen de Juan XXIII, fallecido casi tres años antes. A los pocos minutos, Caterina Capitani se recuperó y pidió de comer. Los médicos que la atendían en Nápoles (Italia) le practicaron una radiografía al estómago y comprobaron la desaparición completa de la enfermedad, sin señales de cicatrices causadas por la fístula.

"Un milagro es la demostración del poder de intercesión y la confirmación por parte de Dios de la santidad de una persona", explicó Federico Lombardi, vocero del Vaticano. "Pero no es un dogma de fe que de alguna manera sea necesario", aclaró, en el sentido de que Roncalli llega al altar sólo con el milagro descripto.

El 2 de junio de 2005, la monja francesa Marie Simon-Pierre, enferma de Parkinson y que trabajaba en una clínica de maternidad en París, afirmó que "ese día por la mañana yo estaba completamente impedida y ya no podía más". La superiora le propuso pedir la gracia de su curación a Juan Pablo II (fallecido apenas dos meses atrás), quien al final de su vida también padeció Parkinson. A las 4.30 de la madrugada del 3 de junio despertó sintiendo que "ya no era la misma" y que percibía "una alegría interior". No hubo explicación médica para esta curación casi instantánea del Parkinson.

El 1 de mayo de 2011 se produjo la curación de la costarricense Floribeth Mora. Ese día, en Roma, celebraban la beatificaban de Juan Pablo II. En una procesión le rezó al nuevo beato mientras observó una imagen de la eucaristía (cuerpo de Jesús en forma de hostia). Y se curó. El neurocirujano Alejandro Vargas Román, médico de Floribeth Mora, confirmó que no encontró explicación científica a la desaparición repentina del aneurisma que padecía cuando analizaron exámenes posteriores a aquel 1 de mayo de 2011.



Sobre la libertad y la verdad

"La libertad, en todos sus aspectos, debe de estar basada en la verdad. Deseo repetir aquí las palabras de Jesús: "Y la verdad os librará" (Jn 8:32). Es, pues, mi deseo que vuestro sentido de la libertad pueda siempre ir de la mano con un profundo sentido de verdad y honestidad acerca de vosotros mismos y de las realidades de vuestra sociedad. Solamente la libertad que se somete a la Verdad conduce a la persona humana a su verdadero bien" (Juan Pablo II).

"Servir a la verdad con humildad, sin humillar a la verdad. La causa y raíz de todos los males que envenenan a los individuos, a los pueblos y a las naciones y que perturban los ánimos de muchos es la ignorancia de la verdad, y no sólo la ignorancia, sino a veces también el desprecio y un desconsiderado desconocimiento de la verdad" (Juan XXIII)/ Mario Simonovich.

Esta nota fue publicada en MDZ.

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